Los hemos visto cambiar de caja muchas veces, de dueño, de habitación, de amigos. También abandonados, desamparados, sustituidos por la novedad, abocados a los recuerdos. En ‘Toy Story 5’, que se estrena el próximo miércoles en cines, a los juguetes de siempre les amenaza la tecnología de ahora pero sobre todo el tiempo, que lima la coronilla de Woody y perpetúa una idea que debió morir, o quedarse, hace unas cuantas películas. «Habría dicho que nos despedíriamos de Woody, Buzz, Jessie y compañía después de la tercera. Incluso tras la primera película. Cada vez que hacemos una película de ‘Toy Story’ es como, vale, esta es la última, así que tratamos a todas las que han seguido como si lo fueran», confiesa a ABC Pete Docter, director creativo de Pixar Animation Studios y supervisor, en su día, de la animación de ‘Toy Story’, la primera película hecha por ordenador que se estrenó en cines, hace ahora 30 años. Por mucho que el empeño sea ir hasta el infinito y más allá, algo rentable a juzgar por la recaudación en taquilla, la saga de Pixar irremediablemente da media vuelta. A una idea, al principio. A ese momento mágico en el que salieron del envoltorio, en el que los juguetes cobraron vida. Vuelven todos y algunos más, pero lo hacen ya, inevitablemente, como un reflejo de lo que fueron, una aspiración casi nostálgica y no esa genialidad que nació no en una servilleta sino dibujando en el mantel de una cafetería. « Cuando íbamos a hacer ‘Toy Story 4’, le preguntaron a Ed Catmull [por entonces presidente del estudio] que por qué la hacían y él dijo: ‘Es muy sencillo. Hay cientos de personas que no quieren hacerla, y hay una sola persona que sí quiere’. Ese era John Lasseter», cuenta Docter durante su visita a Madrid. Para que todo siga a veces basta un nombre; otras, la determinación, y muchas, demasiadas, el éxito, que estira y estira las cosas hasta que se rompen. De vez en cuando, sin embargo, hay también buenas ideas. Y así continúan las mejores historias, con esperanza y «optimismo».En esta quinta entrega, la novedad de Bonnie ya no es Forky sino Lilypad, una tablet con forma de rana y vocación controladora de madre que cree saber lo que es mejor para la niña, pero descubre que está equivocada. Facilita las cosas, llega a todo antes y a veces mejor, pero aplaca la imaginación, lo cual es tan letal para la infancia como descubrir que los dragones no existen. Toma el mando Jessie, la vaquera, protagonista también de los momentos más tiernos y emotivos. Vuelve a la que fue su casa, a donde la abandonó su primera dueña, para ayudar a Bonnie a hacer amigos. ‘Toy Story 5’ es la quinta película de la franquicia, pero es también la primera vez que un juguete se preocupa solo por el niño y no por su propia supervivencia. «Creo que el truco con las secuelas es que tienes que encontrar algo nuevo de lo que hablar», explica la productora Lindsey Collins , que dejó Disney para trabajar en Pixar y ahora sigue en Pixar bajo el paraguas de Disney. Noticia relacionada video-noticia No No Taylor Swift soprende en la premier de ‘Toy Story 5’ de Los Ángeles Agencia EFELa obsolescencia programada es muy de la tecnología, pero ‘Toy Story’ habla también de la caducidad de las cosas según la edad, de las etapas de la infancia, y del olvido después de que todo pase. Del tiempo, en fin. Tal vez la ventaja de seguir las aventuras de estos juguetes es que, de alguna manera, el tiempo pasa distinto por ellos. «Aceptamos el paso del tiempo. No congelamos a los personajes, atraviesan el tiempo junto a nosotros. Andrew [Stanton] dice que son como pequeños vampiros; que no envejecen necesariamente, salvo por el desgaste físico, pero ven el tiempo pasar. Hay algo único en esta franquicia que es que nos permite que el tiempo que pasa sea parte de la narración», reconoce la productora.La rebelión de las ideasFábrica de algunas de las más grandes ideas, Pete Docter y Lindsey Collins consideran Pixar un imán para «los rebeldes». Así plantaron cara a Disney, a la que ahora pertenecen, y rompieron los límites de la animación tradicional con su pequeña gran revolución. Dicen, aunque los números demuestran que es mentira, que no se les da «bien anticipar cuándo va a triunfar una idea», y también que no piensan en el futuro porque «es la muerte de las ideas». «¿A quién le importa el futuro? ¿Qué es lo divertido ahora mismo? Eso es lo que importa», asegura Docter. En el horizonte, sin embargo, está la inteligencia artificial, y aunque sean una empresa tecnológica, que hayan abordado los riesgos de la tecnología en esta película tiene su sentido. Hablan de los niños, claro, pero también de sí mismos. «La IA es una herramienta nueva que creo que puede ayudarnos a explorar más a fondo lo que significa ser humano, lo cual, al menos para mí, es el sentido de hacer una película. No veo a la IA haciendo eso. Creo que podría ayudarnos a expresarlo, pero no es la que lo origina», admite Pete Docter. Imágenes de ‘Toy Story 5’ y Lindsey Collins y Pete Docter.En el fondo, y aunque nacieran intentando ser todo lo que no era la casa del ratón, pretenden lo mismo que Disney. «Intentamos no hacer películas específicas de una época, de actualidad, porque caducan en tres segundos. Nuestra intención más pura es hacer películas que los abuelos saquen de la estantería y digan ‘¡Mira, me encanta esta película!’ a sus nietos. Que su impacto no sea pasajero», reconoce Collins. El de Woody, Buzz Lightyear y compañía no lo es, y por eso seguimos todos volviendo. Los hemos visto cambiar de caja muchas veces, de dueño, de habitación, de amigos. También abandonados, desamparados, sustituidos por la novedad, abocados a los recuerdos. En ‘Toy Story 5’, que se estrena el próximo miércoles en cines, a los juguetes de siempre les amenaza la tecnología de ahora pero sobre todo el tiempo, que lima la coronilla de Woody y perpetúa una idea que debió morir, o quedarse, hace unas cuantas películas. «Habría dicho que nos despedíriamos de Woody, Buzz, Jessie y compañía después de la tercera. Incluso tras la primera película. Cada vez que hacemos una película de ‘Toy Story’ es como, vale, esta es la última, así que tratamos a todas las que han seguido como si lo fueran», confiesa a ABC Pete Docter, director creativo de Pixar Animation Studios y supervisor, en su día, de la animación de ‘Toy Story’, la primera película hecha por ordenador que se estrenó en cines, hace ahora 30 años. Por mucho que el empeño sea ir hasta el infinito y más allá, algo rentable a juzgar por la recaudación en taquilla, la saga de Pixar irremediablemente da media vuelta. A una idea, al principio. A ese momento mágico en el que salieron del envoltorio, en el que los juguetes cobraron vida. Vuelven todos y algunos más, pero lo hacen ya, inevitablemente, como un reflejo de lo que fueron, una aspiración casi nostálgica y no esa genialidad que nació no en una servilleta sino dibujando en el mantel de una cafetería. « Cuando íbamos a hacer ‘Toy Story 4’, le preguntaron a Ed Catmull [por entonces presidente del estudio] que por qué la hacían y él dijo: ‘Es muy sencillo. Hay cientos de personas que no quieren hacerla, y hay una sola persona que sí quiere’. Ese era John Lasseter», cuenta Docter durante su visita a Madrid. Para que todo siga a veces basta un nombre; otras, la determinación, y muchas, demasiadas, el éxito, que estira y estira las cosas hasta que se rompen. De vez en cuando, sin embargo, hay también buenas ideas. Y así continúan las mejores historias, con esperanza y «optimismo».En esta quinta entrega, la novedad de Bonnie ya no es Forky sino Lilypad, una tablet con forma de rana y vocación controladora de madre que cree saber lo que es mejor para la niña, pero descubre que está equivocada. Facilita las cosas, llega a todo antes y a veces mejor, pero aplaca la imaginación, lo cual es tan letal para la infancia como descubrir que los dragones no existen. Toma el mando Jessie, la vaquera, protagonista también de los momentos más tiernos y emotivos. Vuelve a la que fue su casa, a donde la abandonó su primera dueña, para ayudar a Bonnie a hacer amigos. ‘Toy Story 5’ es la quinta película de la franquicia, pero es también la primera vez que un juguete se preocupa solo por el niño y no por su propia supervivencia. «Creo que el truco con las secuelas es que tienes que encontrar algo nuevo de lo que hablar», explica la productora Lindsey Collins , que dejó Disney para trabajar en Pixar y ahora sigue en Pixar bajo el paraguas de Disney. Noticia relacionada video-noticia No No Taylor Swift soprende en la premier de ‘Toy Story 5’ de Los Ángeles Agencia EFELa obsolescencia programada es muy de la tecnología, pero ‘Toy Story’ habla también de la caducidad de las cosas según la edad, de las etapas de la infancia, y del olvido después de que todo pase. Del tiempo, en fin. Tal vez la ventaja de seguir las aventuras de estos juguetes es que, de alguna manera, el tiempo pasa distinto por ellos. «Aceptamos el paso del tiempo. No congelamos a los personajes, atraviesan el tiempo junto a nosotros. Andrew [Stanton] dice que son como pequeños vampiros; que no envejecen necesariamente, salvo por el desgaste físico, pero ven el tiempo pasar. Hay algo único en esta franquicia que es que nos permite que el tiempo que pasa sea parte de la narración», reconoce la productora.La rebelión de las ideasFábrica de algunas de las más grandes ideas, Pete Docter y Lindsey Collins consideran Pixar un imán para «los rebeldes». Así plantaron cara a Disney, a la que ahora pertenecen, y rompieron los límites de la animación tradicional con su pequeña gran revolución. Dicen, aunque los números demuestran que es mentira, que no se les da «bien anticipar cuándo va a triunfar una idea», y también que no piensan en el futuro porque «es la muerte de las ideas». «¿A quién le importa el futuro? ¿Qué es lo divertido ahora mismo? Eso es lo que importa», asegura Docter. En el horizonte, sin embargo, está la inteligencia artificial, y aunque sean una empresa tecnológica, que hayan abordado los riesgos de la tecnología en esta película tiene su sentido. Hablan de los niños, claro, pero también de sí mismos. «La IA es una herramienta nueva que creo que puede ayudarnos a explorar más a fondo lo que significa ser humano, lo cual, al menos para mí, es el sentido de hacer una película. No veo a la IA haciendo eso. Creo que podría ayudarnos a expresarlo, pero no es la que lo origina», admite Pete Docter. Imágenes de ‘Toy Story 5’ y Lindsey Collins y Pete Docter.En el fondo, y aunque nacieran intentando ser todo lo que no era la casa del ratón, pretenden lo mismo que Disney. «Intentamos no hacer películas específicas de una época, de actualidad, porque caducan en tres segundos. Nuestra intención más pura es hacer películas que los abuelos saquen de la estantería y digan ‘¡Mira, me encanta esta película!’ a sus nietos. Que su impacto no sea pasajero», reconoce Collins. El de Woody, Buzz Lightyear y compañía no lo es, y por eso seguimos todos volviendo.
Los hemos visto cambiar de caja muchas veces, de dueño, de habitación, de amigos. También abandonados, desamparados, sustituidos por la novedad, abocados a los recuerdos. En ‘Toy Story 5’, que se estrena el próximo viernes en cines, a los juguetes de siempre les amenaza la … tecnología de ahora pero sobre todo el tiempo, que lima la coronilla de Woody y perpetúa una idea que debió morir, o quedarse, hace unas cuantas películas. «Habría dicho que nos despedíriamos de Woody, Buzz, Jessie y compañía después de la tercera. Incluso tras la primera película. Cada vez que hacemos una película de ‘Toy Story’ es como, vale, esta es la última, así que tratamos a todas las que han seguido como si lo fueran», confiesa a ABC Pete Docter, director creativo de Pixar Animation Studios y supervisor, en su día, de la animación de ‘Toy Story’, la primera película hecha por ordenador que se estrenó en cines, hace ahora 30 años.
Por mucho que el empeño sea ir hasta el infinito y más allá, algo rentable a juzgar por la recaudación en taquilla, la saga de Pixar irremediablemente da media vuelta. A una idea, al principio. A ese momento mágico en el que salieron del envoltorio, en el que los juguetes cobraron vida. Vuelven todos y algunos más, pero lo hacen ya, inevitablemente, como un reflejo de lo que fueron, una aspiración casi nostálgica y no esa genialidad que nació no en una servilleta sino dibujando en el mantel de una cafetería. «Cuando íbamos a hacer ‘Toy Story 4’, le preguntaron a Ed Catmull [por entonces presidente del estudio] que por qué la hacían y él dijo: ‘Es muy sencillo. Hay cientos de personas que no quieren hacerla, y hay una sola persona que sí quiere’. Ese era John Lasseter», cuenta Docter durante su visita a Madrid. Para que todo siga a veces basta un nombre; otras, la determinación, y muchas, demasiadas, el éxito, que estira y estira las cosas hasta que se rompen. De vez en cuando, sin embargo, hay también buenas ideas. Y así continúan las mejores historias, con esperanza y «optimismo».
En esta quinta entrega, la novedad de Bonnie ya no es Forky sino Lilypad, una tablet con forma de rana y vocación controladora de madre que cree saber lo que es mejor para la niña, pero descubre que está equivocada. Facilita las cosas, llega a todo antes y a veces mejor, pero aplaca la imaginación, lo cual es tan letal para la infancia como descubrir que los dragones no existen. Toma el mando Jessie, la vaquera, protagonista también de los momentos más tiernos y emotivos. Vuelve a la que fue su casa, a donde la abandonó su primera dueña, para ayudar a Bonnie a hacer amigos. ‘Toy Story 5’ es la quinta película de la franquicia, pero es también la primera vez que un juguete se preocupa solo por el niño y no por su propia supervivencia. «Creo que el truco con las secuelas es que tienes que encontrar algo nuevo de lo que hablar», explica la productora Lindsey Collins, que dejó Disney para trabajar en Pixar y ahora sigue en Pixar bajo el paraguas de Disney.
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La obsolescencia programada es muy de la tecnología, pero ‘Toy Story’ habla también de la caducidad de las cosas según la edad, de las etapas de la infancia, y del olvido después de que todo pase. Del tiempo, en fin. Tal vez la ventaja de seguir las aventuras de estos juguetes es que, de alguna manera, el tiempo pasa distinto por ellos. «Aceptamos el paso del tiempo. No congelamos a los personajes, atraviesan el tiempo junto a nosotros. Andrew [Stanton] dice que son como pequeños vampiros; que no envejecen necesariamente, salvo por el desgaste físico, pero ven el tiempo pasar. Hay algo único en esta franquicia que es que nos permite que el tiempo que pasa sea parte de la narración», reconoce la productora.
La rebelión de las ideas
Fábrica de algunas de las más grandes ideas, Pete Docter y Lindsey Collins consideran Pixar un imán para «los rebeldes». Así plantaron cara a Disney, a la que ahora pertenecen, y rompieron los límites de la animación tradicional con su pequeña gran revolución. Dicen, aunque los números demuestran que es mentira, que no se les da «bien anticipar cuándo va a triunfar una idea», y también que no piensan en el futuro porque «es la muerte de las ideas». «¿A quién le importa el futuro? ¿Qué es lo divertido ahora mismo? Eso es lo que importa», asegura Docter. En el horizonte, sin embargo, está la inteligencia artificial, y aunque sean una empresa tecnológica, que hayan abordado los riesgos de la tecnología en esta película tiene su sentido. Hablan de los niños, claro, pero también de sí mismos. «La IA es una herramienta nueva que creo que puede ayudarnos a explorar más a fondo lo que significa ser humano, lo cual, al menos para mí, es el sentido de hacer una película. No veo a la IA haciendo eso. Creo que podría ayudarnos a expresarlo, pero no es la que lo origina», admite Pete Docter.
En el fondo, y aunque nacieran intentando ser todo lo que no era la casa del ratón, pretenden lo mismo que Disney. «Intentamos no hacer películas específicas de una época, de actualidad, porque caducan en tres segundos. Nuestra intención más pura es hacer películas que los abuelos saquen de la estantería y digan ‘¡Mira, me encanta esta película!’ a sus nietos. Que su impacto no sea pasajero», reconoce Collins. El de Woody, Buzz Lightyear y compañía no lo es, y por eso seguimos todos volviendo.
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