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  Arte  Pasión, venganza, secretos familiares… y fuego, mucho fuego: así es ‘Il trovatore’
Arte

Pasión, venganza, secretos familiares… y fuego, mucho fuego: así es ‘Il trovatore’

29 de junio de 2026
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Si Antonio García Gutiérrez (1813-1884) hubiera escrito ‘ El trovador ‘ en nuestros días, posiblemente hubiera servido de base a un culebrón. Pero se estrenó en 1836, y en esa época las pasiones se desataban básicamente en las óperas. El dramaturgo chiclanero tuvo la suerte de que Giuseppe Verdi eligiera su texto para componer la que con el tiempo se ha convertido en uno de sus más célebres títulos, y en una de las óperas más populares de la historia del género; su historia, ambientada en Aragón durante el Medievo está llena de truculentos elementos: una mujer quemada en la hoguera, un niño arrojado al fuego por error, una venganza que dura décadas, un duelo entre hermanos que ignoran su parentesco, un amor imposible y una ejecución que culmina con una revelación devastadora.Con todo ello, Giuseppe Verdi (con libreto de Salvatore Cammarano) escribió la ópera ‘ Il trovatore ‘ (1853), uno de los títulos de la ‘trilogia popolare’, que completan ‘Rigoletto’ (1851) y ‘La traviata’ (1853). Y es la ópera que ha elegido el Teatro Real para cerrar su temporada. Nicola Luisotti , director honorario del coliseo, es el director musical de la producción que puso en pie en 2019 Francisco Negrín -bisnieto de Juan Negrín, presidente de la Segunda República-, que firma la puesta en escena, que se estrenó ya en 2019 y que es una coproducción con la Ópera de Montecarlo y la Royal Danish Opera. Entre los días 29 de junio y 20 de julio, el Teatro Real ofrecerá 17 funciones de esta obra, con distintos repartos (de doce nacionalidades distintas) que encabezan las sopranos Marina Rebeka, Saioa Hernández y Anna Netrebko (Leonora); los tenores Piotr Beczała, Vittorio Grigòlo, Celso Albelo y Yusif Eyvazov (Manrico); los barítonos Artur Ruciński, Juan Jesús Rodríguez y George Petean (El conde de Luna); y las mezzosopranos Ksenia Dudnikova, Anita Rachvelishvili, Teresa Romano y Clémentine Margaine (Azucena).ObsesionesEscribe Joan Matabosch que «es en la figura de Manrico donde convergen las dos obsesiones que enmarcan la acción, la pasión amorosa y la pasión por la venganza , dos tramas que tienen por protagonistas a las dos mujeres: la aristócrata Leonora, su amante, y la gitana Azucena, que lo ha criado desde su nacimiento y a quien cree su madre. Manrico es, en ambas tramas, la víctima trágica de las intrigas de los Luna. Y cuando, finalmente, el conde de Luna encierra en prisión a la madre y al hijo y ordena la ejecución del trovador, Azucena revela que Manrico es, en realidad, su hermano, que ella había raptado recién nacido para vengar la muerte de su madre en la hoguera por bruja pero que luego, incapaz de asesinarlo, había adoptado como un hijo enfrentándose ella misma a terribles pesadillas presididas por la vieja ardiendo en la hoguera y clamando venganza. Finalmente, muy a pesar de la voluntad de todos los demás personajes, se acabará consumando esa venganza que exigía la vieja desde la pira en su último aliento».Noticia relacionada No No Jorge de León, Gustavo Gimeno y Nadine Sierra, galardonados con los premios Ópera XXI ABCEl fuego es la columna vertebral de la producción de Francisco Negrín. ‘Il trovatore’ -situada en el contexto de las luchas por la Corona de Aragón, a principios del siglo XV, que culminaron en el Compromiso de Caspe- habla de la imposibilidad del ser humano de salir del pasado. La puesta en escena, dice Negrín, «quiere mostrar tanto el hecho de estar atrapado por el pasado como el hecho de que del fuego, muy presente en el escenario, venga el recuerdo y el dolor del pasado». Luisotti va más allá. «Verdi, con esta ópera, realizó ya una tentativa de crear un leitmotiv. Cada vez que el espectador escucha el tema de ‘ Stride la vampa ‘, que es el tema del fuego, siente una atmósfera particular; no es un leitmotiv como lo utilizaría Wagner y tantos compositores a finales del siglo XIX y el siglo XX, como recuerdo de un personaje que se presenta; sino ese clima terrible creado por el recuerdo de cuando Azucena mató a su hijo en la hoguera… El fuego es el motivo central de la ópera ».Pareja españolaLa madrileña Saioa Hernández y el tinerfeño Celso Albelo son la representación española de la pareja protagonista. Ella cantó este papel por primera vez en Nápoles hace diez años, y él lo hizo en Bilbao hace tres. ¿Cómo es ajustar la propia idea del personaje a la del director de escena? «Normalmente, no preparo el personaje desde el punto de vista actoral -comienza Saioa Hernández-. Obviamente, sé quién es Leonora, en este caso; lo que conlleva, lo que vive, lo que sufre, lo que piensa, cómo reacciona… Pero puede no coincidir con algunos aspectos de la dirección de escena, y no lo veo mal, es algo que a la hora de actuar nos da muchísimo juego, nos permite cambiar muchas cosas y vivir el personaje de mil maneras diferentes. Lo importante es que el público entienda la idea que queremos transmitir, y cuando no lo hace la puesta en escena no funciona. Hay veces -no es el caso de este ‘Trovatore’- en que te obligan a ir incluso a la contra de lo que estás diciendo, y eso es realmente agotador a nivel mental». Javier del RealLluís Pasqual repite a menudo que la dirección de escena, en una ópera, está en la partitura -y en autores como Giuseppe Verdi especialmente-. «Aun así -sigue la soprano-, te encuentras con casos en los que la dirección de escena va completamente a la contra y otras donde todo es, simplemente, diferente; a mí me encanta hacer ese tipo de puestas también que son difíciles de entender: me gusta volcarme en ellas, pero me tienen que explicar bien qué es lo que estoy haciendo, el porqué lo tengo que hacer (yo lo pregunto todo), hasta que tengo una motivación. Cuando tengo la motivación, voy a mil . Pero es que si me encontrara con algo que realmente no quiero hacer, no lo haría».Celso Albelo llega al personaje de Manrico -escrito para un tenor ‘spinto’, con acentos dramáticos- después de dos décadas dedicado al repertorio belcantista y lírico. «Es una evolución natural, pero en este personaje no hay que perder nunca la visión belcantista, los colores, para poner la palabra al servicio de un desarrollo teatral más que emocional. Manrico es un personaje que va más de la mano de la acción teatral, de la evolución del espectáculo. Es lo que algunos llaman la ‘palabra verdiana’, el ‘acento verdiano’». Y reconoce el tenor que este hecho le enriquece como intérprete, «porque me hace salir de mi zona de confort, me obliga a darle una capa más a mi trabajo, y me enriquece como artista más allá de lo que me enriquezca como cantante».El tenor tiene en ‘Il trovatore’ una prueba de fuego: la cabaletta ‘ Di quella pira’ , uno de los más célebres fragmentos de la ópera, que concluye con un heroico y prolongado agudo, un Do de pecho que Verdi no escribió pero que la tradición ha impuesto como ‘obligatorio’. Reconoce Celso Albelo que se crea un ambiente morboso en torno a este fragmento, que él canta ‘a tono’ (hay cantantes que piden bajar la tonalidad porque no tienen muy seguros los agudos). «Pero bueno, ‘ Di quella pira ‘ no deja de ser solo la guinda del pastel, y que éste tiene que tener el punto justo de dulzura para no resultar empalagoso, con una base de galleta que pueda gustarles tanto a los que la prefieren más crocante como a los que la quieren menos crocante… Y en eso hemos estado trabajando todas estas semanas durante los ensayos, para acercarnos lo más posible a lo que quería Verdi. El morbo de ‘Di quella pira’ no se puede negar, pero no podemos olvidar que viene precedido de una serie de cosas que es lo que hace realmente sabroso el pastel».Saioa Hernández (está casada con un tenor) sale en defensa de esta cuerda. «Hay un público, sobre todo el que acude de forma habitual a la ópera, que suele ir a por los tenores, los cantantes a los que, a mi juicio, más se exige. Y la voz de tenor es la más complicada, es un instrumento que hay que construir y que es el más expuesto. Al fin y al cabo, la voz de barítono, de soprano o de mezzo es una voz natural. A la soprano incluso le puede salir un agudo incluso si técnicamente no está bien, pero un tenor… Si técnicamente no lo haces bien, el agudo no sale, y es porque es una voz construida… A esto se añade que cada vez se canta más agudo, y el instrumento humano tiene un límite».Coinciden los dos cantantes, punta de lanza de la nueva generación de grandes voces líricas españolas, en una expresión para referirse a la ópera: trabajo en equipo. «Los grandes artistas, los que de verdad lo son, se implican al cien por cien; lo tengo comprobado -asegura rotunda Saioa Hernández-. Y si no han podido estar en todo el proceso de ensayos por compromisos previos, intentan saber qué es lo que está haciendo el resto y meterse dentro de ese trabajo que se ha hecho previamente. Ser realmente un gran artista implica eso también, esa parte de trabajo en equipo y ser consciente de que en la producción no estás solamente tú. Y ahí enlazamos con la humildad; los artistas verdaderamente grandes son los que tienen un fondo más humilde ».Celso Albelo recoge el guante de Saioa Hernández y añade que el trabajo en equipo es, precisamente, poder añadir puntos de vista en el enfoque de los personajes y de las puestas en escena. «Muchas veces, en el trabajo individual se escapan ciertos matices, no porque no hayas estudiado lo suficiente, sino porque la condición humana impone limitaciones. Y a menudo tus compañeros, los directores musical y escénico, te ofrecen visiones que te hacen ver las cosas, unas veces, con mayor facilidad, y otras veces con menos; incluso en ocasiones te pueden parecer ridículas, y no por eso una está bien y la otra mal, simplemente se confrontan, y para eso está el trabajo que nosotros realizamos durante meses, y durante toda una vida también». Si Antonio García Gutiérrez (1813-1884) hubiera escrito ‘ El trovador ‘ en nuestros días, posiblemente hubiera servido de base a un culebrón. Pero se estrenó en 1836, y en esa época las pasiones se desataban básicamente en las óperas. El dramaturgo chiclanero tuvo la suerte de que Giuseppe Verdi eligiera su texto para componer la que con el tiempo se ha convertido en uno de sus más célebres títulos, y en una de las óperas más populares de la historia del género; su historia, ambientada en Aragón durante el Medievo está llena de truculentos elementos: una mujer quemada en la hoguera, un niño arrojado al fuego por error, una venganza que dura décadas, un duelo entre hermanos que ignoran su parentesco, un amor imposible y una ejecución que culmina con una revelación devastadora.Con todo ello, Giuseppe Verdi (con libreto de Salvatore Cammarano) escribió la ópera ‘ Il trovatore ‘ (1853), uno de los títulos de la ‘trilogia popolare’, que completan ‘Rigoletto’ (1851) y ‘La traviata’ (1853). Y es la ópera que ha elegido el Teatro Real para cerrar su temporada. Nicola Luisotti , director honorario del coliseo, es el director musical de la producción que puso en pie en 2019 Francisco Negrín -bisnieto de Juan Negrín, presidente de la Segunda República-, que firma la puesta en escena, que se estrenó ya en 2019 y que es una coproducción con la Ópera de Montecarlo y la Royal Danish Opera. Entre los días 29 de junio y 20 de julio, el Teatro Real ofrecerá 17 funciones de esta obra, con distintos repartos (de doce nacionalidades distintas) que encabezan las sopranos Marina Rebeka, Saioa Hernández y Anna Netrebko (Leonora); los tenores Piotr Beczała, Vittorio Grigòlo, Celso Albelo y Yusif Eyvazov (Manrico); los barítonos Artur Ruciński, Juan Jesús Rodríguez y George Petean (El conde de Luna); y las mezzosopranos Ksenia Dudnikova, Anita Rachvelishvili, Teresa Romano y Clémentine Margaine (Azucena).ObsesionesEscribe Joan Matabosch que «es en la figura de Manrico donde convergen las dos obsesiones que enmarcan la acción, la pasión amorosa y la pasión por la venganza , dos tramas que tienen por protagonistas a las dos mujeres: la aristócrata Leonora, su amante, y la gitana Azucena, que lo ha criado desde su nacimiento y a quien cree su madre. Manrico es, en ambas tramas, la víctima trágica de las intrigas de los Luna. Y cuando, finalmente, el conde de Luna encierra en prisión a la madre y al hijo y ordena la ejecución del trovador, Azucena revela que Manrico es, en realidad, su hermano, que ella había raptado recién nacido para vengar la muerte de su madre en la hoguera por bruja pero que luego, incapaz de asesinarlo, había adoptado como un hijo enfrentándose ella misma a terribles pesadillas presididas por la vieja ardiendo en la hoguera y clamando venganza. Finalmente, muy a pesar de la voluntad de todos los demás personajes, se acabará consumando esa venganza que exigía la vieja desde la pira en su último aliento».Noticia relacionada No No Jorge de León, Gustavo Gimeno y Nadine Sierra, galardonados con los premios Ópera XXI ABCEl fuego es la columna vertebral de la producción de Francisco Negrín. ‘Il trovatore’ -situada en el contexto de las luchas por la Corona de Aragón, a principios del siglo XV, que culminaron en el Compromiso de Caspe- habla de la imposibilidad del ser humano de salir del pasado. La puesta en escena, dice Negrín, «quiere mostrar tanto el hecho de estar atrapado por el pasado como el hecho de que del fuego, muy presente en el escenario, venga el recuerdo y el dolor del pasado». Luisotti va más allá. «Verdi, con esta ópera, realizó ya una tentativa de crear un leitmotiv. Cada vez que el espectador escucha el tema de ‘ Stride la vampa ‘, que es el tema del fuego, siente una atmósfera particular; no es un leitmotiv como lo utilizaría Wagner y tantos compositores a finales del siglo XIX y el siglo XX, como recuerdo de un personaje que se presenta; sino ese clima terrible creado por el recuerdo de cuando Azucena mató a su hijo en la hoguera… El fuego es el motivo central de la ópera ».Pareja españolaLa madrileña Saioa Hernández y el tinerfeño Celso Albelo son la representación española de la pareja protagonista. Ella cantó este papel por primera vez en Nápoles hace diez años, y él lo hizo en Bilbao hace tres. ¿Cómo es ajustar la propia idea del personaje a la del director de escena? «Normalmente, no preparo el personaje desde el punto de vista actoral -comienza Saioa Hernández-. Obviamente, sé quién es Leonora, en este caso; lo que conlleva, lo que vive, lo que sufre, lo que piensa, cómo reacciona… Pero puede no coincidir con algunos aspectos de la dirección de escena, y no lo veo mal, es algo que a la hora de actuar nos da muchísimo juego, nos permite cambiar muchas cosas y vivir el personaje de mil maneras diferentes. Lo importante es que el público entienda la idea que queremos transmitir, y cuando no lo hace la puesta en escena no funciona. Hay veces -no es el caso de este ‘Trovatore’- en que te obligan a ir incluso a la contra de lo que estás diciendo, y eso es realmente agotador a nivel mental». Javier del RealLluís Pasqual repite a menudo que la dirección de escena, en una ópera, está en la partitura -y en autores como Giuseppe Verdi especialmente-. «Aun así -sigue la soprano-, te encuentras con casos en los que la dirección de escena va completamente a la contra y otras donde todo es, simplemente, diferente; a mí me encanta hacer ese tipo de puestas también que son difíciles de entender: me gusta volcarme en ellas, pero me tienen que explicar bien qué es lo que estoy haciendo, el porqué lo tengo que hacer (yo lo pregunto todo), hasta que tengo una motivación. Cuando tengo la motivación, voy a mil . Pero es que si me encontrara con algo que realmente no quiero hacer, no lo haría».Celso Albelo llega al personaje de Manrico -escrito para un tenor ‘spinto’, con acentos dramáticos- después de dos décadas dedicado al repertorio belcantista y lírico. «Es una evolución natural, pero en este personaje no hay que perder nunca la visión belcantista, los colores, para poner la palabra al servicio de un desarrollo teatral más que emocional. Manrico es un personaje que va más de la mano de la acción teatral, de la evolución del espectáculo. Es lo que algunos llaman la ‘palabra verdiana’, el ‘acento verdiano’». Y reconoce el tenor que este hecho le enriquece como intérprete, «porque me hace salir de mi zona de confort, me obliga a darle una capa más a mi trabajo, y me enriquece como artista más allá de lo que me enriquezca como cantante».El tenor tiene en ‘Il trovatore’ una prueba de fuego: la cabaletta ‘ Di quella pira’ , uno de los más célebres fragmentos de la ópera, que concluye con un heroico y prolongado agudo, un Do de pecho que Verdi no escribió pero que la tradición ha impuesto como ‘obligatorio’. Reconoce Celso Albelo que se crea un ambiente morboso en torno a este fragmento, que él canta ‘a tono’ (hay cantantes que piden bajar la tonalidad porque no tienen muy seguros los agudos). «Pero bueno, ‘ Di quella pira ‘ no deja de ser solo la guinda del pastel, y que éste tiene que tener el punto justo de dulzura para no resultar empalagoso, con una base de galleta que pueda gustarles tanto a los que la prefieren más crocante como a los que la quieren menos crocante… Y en eso hemos estado trabajando todas estas semanas durante los ensayos, para acercarnos lo más posible a lo que quería Verdi. El morbo de ‘Di quella pira’ no se puede negar, pero no podemos olvidar que viene precedido de una serie de cosas que es lo que hace realmente sabroso el pastel».Saioa Hernández (está casada con un tenor) sale en defensa de esta cuerda. «Hay un público, sobre todo el que acude de forma habitual a la ópera, que suele ir a por los tenores, los cantantes a los que, a mi juicio, más se exige. Y la voz de tenor es la más complicada, es un instrumento que hay que construir y que es el más expuesto. Al fin y al cabo, la voz de barítono, de soprano o de mezzo es una voz natural. A la soprano incluso le puede salir un agudo incluso si técnicamente no está bien, pero un tenor… Si técnicamente no lo haces bien, el agudo no sale, y es porque es una voz construida… A esto se añade que cada vez se canta más agudo, y el instrumento humano tiene un límite».Coinciden los dos cantantes, punta de lanza de la nueva generación de grandes voces líricas españolas, en una expresión para referirse a la ópera: trabajo en equipo. «Los grandes artistas, los que de verdad lo son, se implican al cien por cien; lo tengo comprobado -asegura rotunda Saioa Hernández-. Y si no han podido estar en todo el proceso de ensayos por compromisos previos, intentan saber qué es lo que está haciendo el resto y meterse dentro de ese trabajo que se ha hecho previamente. Ser realmente un gran artista implica eso también, esa parte de trabajo en equipo y ser consciente de que en la producción no estás solamente tú. Y ahí enlazamos con la humildad; los artistas verdaderamente grandes son los que tienen un fondo más humilde ».Celso Albelo recoge el guante de Saioa Hernández y añade que el trabajo en equipo es, precisamente, poder añadir puntos de vista en el enfoque de los personajes y de las puestas en escena. «Muchas veces, en el trabajo individual se escapan ciertos matices, no porque no hayas estudiado lo suficiente, sino porque la condición humana impone limitaciones. Y a menudo tus compañeros, los directores musical y escénico, te ofrecen visiones que te hacen ver las cosas, unas veces, con mayor facilidad, y otras veces con menos; incluso en ocasiones te pueden parecer ridículas, y no por eso una está bien y la otra mal, simplemente se confrontan, y para eso está el trabajo que nosotros realizamos durante meses, y durante toda una vida también».  

Si Antonio García Gutiérrez (1813-1884) hubiera escrito ‘El trovador‘ en nuestros días, posiblemente hubiera servido de base a un culebrón. Pero se estrenó en 1836, y en esa época las pasiones se desataban básicamente en las óperas. El dramaturgo chiclanero tuvo la … suerte de que Giuseppe Verdi eligiera su texto para componer la que con el tiempo se ha convertido en uno de sus más célebres títulos, y en una de las óperas más populares de la historia del género; su historia, ambientada en Aragón durante el Medievo está llena de truculentos elementos: una mujer quemada en la hoguera, un niño arrojado al fuego por error, una venganza que dura décadas, un duelo entre hermanos que ignoran su parentesco, un amor imposible y una ejecución que culmina con una revelación devastadora.

Con todo ello, Giuseppe Verdi (con libreto de Salvatore Cammarano) escribió la ópera ‘Il trovatore‘ (1853), uno de los títulos de la ‘trilogia popolare’, que completan ‘Rigoletto’ (1851) y ‘La traviata’ (1853). Y es la ópera que ha elegido el Teatro Real para cerrar su temporada. Nicola Luisotti, director honorario del coliseo, es el director musical de la producción que puso en pie en 2019 Francisco Negrín -bisnieto de Juan Negrín, presidente de la Segunda República-, que firma la puesta en escena, que se estrenó ya en 2019 y que es una coproducción con la Ópera de Montecarlo y la Royal Danish Opera. Entre los días 29 de junio y 20 de julio, el Teatro Real ofrecerá 17 funciones de esta obra, con distintos repartos (de doce nacionalidades distintas) que encabezan las sopranos Marina Rebeka, Saioa Hernández y Anna Netrebko (Leonora); los tenores Piotr Beczała, Vittorio Grigòlo, Celso Albelo y Yusif Eyvazov (Manrico); los barítonos Artur Ruciński, Juan Jesús Rodríguez y George Petean (El conde de Luna); y las mezzosopranos Ksenia Dudnikova, Anita Rachvelishvili, Teresa Romano y Clémentine Margaine (Azucena).

Obsesiones

Escribe Joan Matabosch que «es en la figura de Manrico donde convergen las dos obsesiones que enmarcan la acción, la pasión amorosa y la pasión por la venganza, dos tramas que tienen por protagonistas a las dos mujeres: la aristócrata Leonora, su amante, y la gitana Azucena, que lo ha criado desde su nacimiento y a quien cree su madre. Manrico es, en ambas tramas, la víctima trágica de las intrigas de los Luna. Y cuando, finalmente, el conde de Luna encierra en prisión a la madre y al hijo y ordena la ejecución del trovador, Azucena revela que Manrico es, en realidad, su hermano, que ella había raptado recién nacido para vengar la muerte de su madre en la hoguera por bruja pero que luego, incapaz de asesinarlo, había adoptado como un hijo enfrentándose ella misma a terribles pesadillas presididas por la vieja ardiendo en la hoguera y clamando venganza. Finalmente, muy a pesar de la voluntad de todos los demás personajes, se acabará consumando esa venganza que exigía la vieja desde la pira en su último aliento».

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El fuego es la columna vertebral de la producción de Francisco Negrín. ‘Il trovatore’ -situada en el contexto de las luchas por la Corona de Aragón, a principios del siglo XV, que culminaron en el Compromiso de Caspe- habla de la imposibilidad del ser humano de salir del pasado. La puesta en escena, dice Negrín, «quiere mostrar tanto el hecho de estar atrapado por el pasado como el hecho de que del fuego, muy presente en el escenario, venga el recuerdo y el dolor del pasado». Luisotti va más allá. «Verdi, con esta ópera, realizó ya una tentativa de crear un leitmotiv. Cada vez que el espectador escucha el tema de ‘Stride la vampa‘, que es el tema del fuego, siente una atmósfera particular; no es un leitmotiv como lo utilizaría Wagner y tantos compositores a finales del siglo XIX y el siglo XX, como recuerdo de un personaje que se presenta; sino ese clima terrible creado por el recuerdo de cuando Azucena mató a su hijo en la hoguera… El fuego es el motivo central de la ópera».

Pareja española

La madrileña Saioa Hernández y el tinerfeño Celso Albelo son la representación española de la pareja protagonista. Ella cantó este papel por primera vez en Nápoles hace diez años, y él lo hizo en Bilbao hace tres. ¿Cómo es ajustar la propia idea del personaje a la del director de escena? «Normalmente, no preparo el personaje desde el punto de vista actoral -comienza Saioa Hernández-. Obviamente, sé quién es Leonora, en este caso; lo que conlleva, lo que vive, lo que sufre, lo que piensa, cómo reacciona… Pero puede no coincidir con algunos aspectos de la dirección de escena, y no lo veo mal, es algo que a la hora de actuar nos da muchísimo juego, nos permite cambiar muchas cosas y vivir el personaje de mil maneras diferentes. Lo importante es que el público entienda la idea que queremos transmitir, y cuando no lo hace la puesta en escena no funciona. Hay veces -no es el caso de este ‘Trovatore’- en que te obligan a ir incluso a la contra de lo que estás diciendo, y eso es realmente agotador a nivel mental».

(Javier del Real)

Lluís Pasqual repite a menudo que la dirección de escena, en una ópera, está en la partitura -y en autores como Giuseppe Verdi especialmente-. «Aun así -sigue la soprano-, te encuentras con casos en los que la dirección de escena va completamente a la contra y otras donde todo es, simplemente, diferente; a mí me encanta hacer ese tipo de puestas también que son difíciles de entender: me gusta volcarme en ellas, pero me tienen que explicar bien qué es lo que estoy haciendo, el porqué lo tengo que hacer (yo lo pregunto todo), hasta que tengo una motivación. Cuando tengo la motivación, voy a mil. Pero es que si me encontrara con algo que realmente no quiero hacer, no lo haría».

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Celso Albelo llega al personaje de Manrico -escrito para un tenor ‘spinto’, con acentos dramáticos- después de dos décadas dedicado al repertorio belcantista y lírico. «Es una evolución natural, pero en este personaje no hay que perder nunca la visión belcantista, los colores, para poner la palabra al servicio de un desarrollo teatral más que emocional. Manrico es un personaje que va más de la mano de la acción teatral, de la evolución del espectáculo. Es lo que algunos llaman la ‘palabra verdiana’, el ‘acento verdiano’». Y reconoce el tenor que este hecho le enriquece como intérprete, «porque me hace salir de mi zona de confort, me obliga a darle una capa más a mi trabajo, y me enriquece como artista más allá de lo que me enriquezca como cantante».

El tenor tiene en ‘Il trovatore’ una prueba de fuego: la cabaletta ‘Di quella pira’, uno de los más célebres fragmentos de la ópera, que concluye con un heroico y prolongado agudo, un Do de pecho que Verdi no escribió pero que la tradición ha impuesto como ‘obligatorio’. Reconoce Celso Albelo que se crea un ambiente morboso en torno a este fragmento, que él canta ‘a tono’ (hay cantantes que piden bajar la tonalidad porque no tienen muy seguros los agudos). «Pero bueno, ‘Di quella pira‘ no deja de ser solo la guinda del pastel, y que éste tiene que tener el punto justo de dulzura para no resultar empalagoso, con una base de galleta que pueda gustarles tanto a los que la prefieren más crocante como a los que la quieren menos crocante… Y en eso hemos estado trabajando todas estas semanas durante los ensayos, para acercarnos lo más posible a lo que quería Verdi. El morbo de ‘Di quella pira’ no se puede negar, pero no podemos olvidar que viene precedido de una serie de cosas que es lo que hace realmente sabroso el pastel».

Saioa Hernández (está casada con un tenor) sale en defensa de esta cuerda. «Hay un público, sobre todo el que acude de forma habitual a la ópera, que suele ir a por los tenores, los cantantes a los que, a mi juicio, más se exige. Y la voz de tenor es la más complicada, es un instrumento que hay que construir y que es el más expuesto. Al fin y al cabo, la voz de barítono, de soprano o de mezzo es una voz natural. A la soprano incluso le puede salir un agudo incluso si técnicamente no está bien, pero un tenor… Si técnicamente no lo haces bien, el agudo no sale, y es porque es una voz construida… A esto se añade que cada vez se canta más agudo, y el instrumento humano tiene un límite».

Coinciden los dos cantantes, punta de lanza de la nueva generación de grandes voces líricas españolas, en una expresión para referirse a la ópera: trabajo en equipo. «Los grandes artistas, los que de verdad lo son, se implican al cien por cien; lo tengo comprobado -asegura rotunda Saioa Hernández-. Y si no han podido estar en todo el proceso de ensayos por compromisos previos, intentan saber qué es lo que está haciendo el resto y meterse dentro de ese trabajo que se ha hecho previamente. Ser realmente un gran artista implica eso también, esa parte de trabajo en equipo y ser consciente de que en la producción no estás solamente tú. Y ahí enlazamos con la humildad; los artistas verdaderamente grandes son los que tienen un fondo más humilde».

Celso Albelo recoge el guante de Saioa Hernández y añade que el trabajo en equipo es, precisamente, poder añadir puntos de vista en el enfoque de los personajes y de las puestas en escena. «Muchas veces, en el trabajo individual se escapan ciertos matices, no porque no hayas estudiado lo suficiente, sino porque la condición humana impone limitaciones. Y a menudo tus compañeros, los directores musical y escénico, te ofrecen visiones que te hacen ver las cosas, unas veces, con mayor facilidad, y otras veces con menos; incluso en ocasiones te pueden parecer ridículas, y no por eso una está bien y la otra mal, simplemente se confrontan, y para eso está el trabajo que nosotros realizamos durante meses, y durante toda una vida también».

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30 de junio de 2026
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